jueves, 1 de octubre de 2009

La Metamorfosis


Poco antes de su muerte, Franz Kafka le encargó a su mejor amigo -Max Brod- destruir todas sus novelas y cuentos (incluida La Metamorfosis). Brod no le hizo caso, y, más bien, se empeñó en publicar todo lo que Kafka pensaba no era digno de ello. Hoy en día más de un lector agradece la desobediencia a uno de los escritores más grandes del Siglo XX.

A Kafka le apasionaba el acto de escribir, no de publicar. Poco le importaba la fama literaria, lo suyo era una práctica sin destinatario final. Cuando terminaba un texto, se sentía inseguro, le entraban dudas y hasta ganas de romper lo que había producido. Sin embargo, eso, al menos en primera instancia, no ocurrió cuando finalizó La Metamorfosis, su novela más celebrada.

Franz Kafka amó, odió y, finalmente, se reconcilió con su novela La Metamorfosis. Y la volvió a amar. Todo con la misma intensidad. Primero se enamoró de ella y, por eso, no tardó en ir a la casa de su amigo Max para, con un entusiasmo desenfrenado, leerla ante la presencia de algunos invitados. Sin embargo, no tardó en ser víctima de un sinnúmero de dudas que le hicieron sentir una total aversión hacia su obra. Algunos meses después, la volvió a querer; hasta se encargó de buscarle una editorial que estuviese a la altura de su novela.

La Metamorfosis cuenta la espantosa transformación de Gregorio Samsa en insecto gigante. A pesar de que el tema central de la novela pertenece a la ficción, Kafka logra hacer verosímil todo aquello que narra. La razón es simple: se identifica con el personaje.

Franz Kafka fue un desarraigado social y cultural. De pequeño, vivió la pobreza en carne propia pues su padre era un humilde vendedor ambulante. De grande, fue el mismo progenitor el que, con mucho esfuerzo, conquistó la clase alta de Praga (ciudad donde vivió Kafka). Su hijo, sin embargo, jamás se integró a su nuevo status ya que eso implicaba, además, ser parte de la muy cerrada cultura germana. Kafka era judío, pero tampoco se identificó con esa raza ni mostró actitudes sionistas. Toda esa hibridación –tanto cultural como social- hizo que Kafka formara una personalidad independiente, solitaria y que se sintiera extraño ante el mundo, tanto como se podría sentir un insecto inmerso en un universo, mayoritariamente, habitado por humanos.

La identificación con un bicho fue la manera más eficaz que encontró Kafka para transmitir lo raro que se sentía frente al mundo que le tocó vivir. En otras obras, el escritor checo intentó, con seres excéntricos –monos, perros, ratones- aproximarse a una personalidad que se le asemeje. Pero con ninguna logró transmitir de forma tan convincente la transformación de un hecho que, escrito con otra pluma, jamás hubiese podido provocar tantas sensaciones. Nadie como Kafka para describir el despertar de Gregorio Samsa y observar que lo que, hasta hace poco, era un cuerpo humano dejó de serlo para convertirse en un ser con patas y antenas lastimosamente delgadas. Esa situación planteada –la metamorfosis- tendrá un desarrollo asfixiante (la desesperación de Gregorio Samsa ante esa realidad) y un final que no podría ser más cerrado y preciso.

By Arturo Cervantes with 1 comment

1 comentarios:

Es uno de mis libros favoritos, y creo que tienes mucha razón con la interpretación que escribes, siempre lo pensé así, creo que todo lo narra en función de su vida.

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