domingo, 8 de agosto de 2010

El llanto de las armas de Chimbo


El llanto de las armas de Chimbo
Por Arturo Cervantes

Fotos: Omar Sotomayor

El ambiente armero se siente inclusive antes de llegar. Fernando Jiménez, el taxista que me lleva desde Guaranda hasta Chimbo, elaboraba hasta hace poco revólveres. El trayecto es corto, demora alrededor de veinte minutos. El viaje lo amenizan extensas plantaciones de maíz (con trabajadores vestidos a la altura de la moda indígena), tres moteles de nombres risibles ("Tú y yo", "Sol y Luna" y "Venus, la diosa del amor") una que otra tapicería y mecánica automotriz y numerosas casas rústicas, todas rodeadas por el torrentoso río Chimbo.

Para pisar San José de Chimbo es necesario descender. A pesar de sus considerables 2.500 metros sobre el nivel del mar, el pueblo se encuentra en una hoya, lo que hace necesario que Fernando baje su Chevrolet Corsa amarillo por una cuesta empedrada. Esa casualidad geográfica, me regala una generosa vista del cantón que estoy a punto de conocer. Visto desde arriba, este es un pueblo inacabado. La mayoría de sus construcciones están a medio recorrido: sin enlucir, sin pintar, dejando ver sus costuras, sus enormes ladrillos y fierros que brotan de los pilares que las sostienen, así como sus improvisadas terrazas que, en un futuro, podrían convertirse en pisos adicionales. La mayoría de las casas tienen techos de teja, balcones y chimeneas rústicas.

Camino por las adoquinadas calles de Chimbo. Todos los talleres que visito lucen polvorientos, desolados. Los armeros, sin excepción, se refieren a las armas en pasado. Encienden las luces de sus pequeñas fábricas y cuentan historias que, da la impresión, se encuentra a años luz de distancia.

Bajo con la premura propia de cuando se pisa una calle construida en una pendiente. Aplico, cada tanto, los frenos de mis zapatos para no caer de orejas. No tengo intenciones de detenerme en ningún taller hasta llegar a suelo plano, pero un señor vestido con impecable terno y sombrero negro –que, al verme pasar, seguramente nota mi apariencia forastera- me hace cambiar de opinión: "Yo soy Gilberto Mora, el herrero más viejo de Chimbo. ¿Qué desea?, ¿qué está buscando?", me pregunta con voz debilitada. Gilberto, de 86 años, está sentado en una silla de plástico, a la entrada de su local, observando el poco movimiento exterior.

Hace veinte años, las manos de Gilberto fueron las encargadas de hacer gatillos, tubos, cachas y tambores: piezas indispensables para la fabricación de las armas. Haciendo uso del entonces muy empleado querosín, prendía fuego y, con la ayuda de una lima especial y un taladro, daba vida al hierro. Pero nada de eso queda en su taller. Lo único que permanece es lo adquirido en los grandes almacenes de Guayaquil. A Gilberto Mora también se le ocurrió la grandiosa idea de viajar a esa ciudad porteña para comprar materiales de construcción que no existían en Chimbo. Fue el primer chimbeño que pensó de esa forma.

Pero ahora ya no hace nada de eso. Ahora su taller es un museo de reliquias. Todo lo que en repisas y en vitrinas se exhibe, se quedó en el pasado. Rulimanes de todos los tamaños, inmensas tijeras para cortar alambres, cinceles disímiles, resortes de distintas clases, llantas para máquinas, pistones para carretas. Todo, absolutamente todo, está oxidado y polvoriento. Gilberto se quedó en los tiempos del sucre; lo cual es literal: él sigue cotizando sus productos con esa moneda en desuso. Lo cierto es que ya nadie va a su taller. Hace veinte años que dejó de trabajar. Sus días transcurren con relativa tranquilidad. Permanece, la mayor parte del tiempo, sentado fuera de su negocio ficticio, disfrutando la cómoda vida que le han regalado sus hijos: una empleada que cuida de él y de su esposa, y todo el dinero necesario para la alimentación, vestimenta y salud de ambos.


Gilberto Mora

Continúo. Bajo la cuesta. A pocas cuadras del taller de Gilberto, se encuentra el de Isidro Peña. Con 48 años a cuestas, Isidro recuerda la época en la que a Chimbo llegaban clientes de todo el país para comprar sus cotizadas carabinas de cacería. Las compraban camaroneros para espantar a los animales depredadores de sus criaderos; o simples cazadores de tortolitas, conejos, capibaras, venados, loros y monos.

Isidro pronuncia el código que lo identifica como fabricante de armas: ECO70. Para los armeros, las series de ese tipo equivalían a los números de la cédula de identidad. Ese código, validado por el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, era incrustado en las armas fabricadas por Isidro. No es que al Gobierno le importaran mucho los derechos de autor. Lo que se buscaba con esto, más bien, era llevar un control de las armas. Limitar el número de fabricación para los autorizados y que no lo hiciera cualquier erudito sin permiso.

Me retiro de otro taller que -sirvan mis dedos como evidencia- también está bañado en polvo. Me dirijo hacia el barrio Tamban, ubicado en el punto más alto de San José de Chimbo. Esta vez es necesario coger un taxi. Podría ir caminando, pero eso sería un castigo muy despiadado para un costeño que acaba de pisar la región interandina.

Mi objetivo tiene nombre y apellido: Rómulo Sánchez. Desde que llegué a Chimbo, no he dejado de escuchar su nombre. Es, por así decirlo, una leyenda viviente. Es una de las personas a quien se le atribuye la primera escopeta de chimenea de Chimbo. Y es, también, un baúl sobrecargado de recuerdos. Pero esta vez, el abandono se siente mucho más. Nadie responde mis llamados. Así que decido ingresar a las penumbras en las que se encuentra inmerso el taller. Me dirijo hacia una puerta exterior que tiene salida a la casa rústica donde vive Don Rómulo y vuelvo a gritar su nombre, esta vez hasta incluyo su apellido. ¿Quién es?, pregunta la empleada doméstica del señor Sánchez.

Se respira polvo. Se respira historia. Rómulo Sánchez tiene 87 años, habla como el Doctor Chapatín y tiene piel canela. En su taller, además de toda su maquinaria manual (ninguna de sus herramientas de trabajo funciona con electricidad), consta un diploma otorgado en el año 1976 por el Ministerio de Trabajo. En la I Exposición de Artesanías y manualidades del Ecuador, realizada en Quito, una de sus escopetas obtuvo el primer premio. Muchos años más tarde, dándole valor a ese galardón, el entonces presidente de la República del Ecuador, Jaime Roldós Aguilera, prometió llevarlo a Israel para que lo capacitaran en el arte de fabricar armas. Rómulo fue uno de los ecuatorianos que más sufrió cuando supo que el avión en el que viajaba Roldós se estrelló. En ese avión, también murió la ilusión que tenía de pisar suelo extranjero para tecnificar su oficio.

"Yo fui el primer presidente del Gremio de Armeros de Chimbo. Y, durante la presidencia de Guillermo Rodríguez Lara, un intendente que se llamaba José Vaca nos chantajeó diciendo que si no le dábamos 1.000 sucres cada uno (de los 42 miembros del gremio), nos cerraba los talleres", cuenta Rómulo, quien persuadió al grupo que dirigía para que no aceptaran el chantaje del intendente. Éste, como represalia, clausuró todos los talleres, alegando que en Chimbo se fabricaban armas para matar al presidente.

Rómulo Sánchez viajó a Quito, acompañado del entonces presidente del Sindicato de Trabajadores del Guayas, para hablar con el General Rodríguez Lara. Una vez que estuvo ante él, denunció el chantaje. "Pero eso que ustedes fabrican, mata", le reclamó el presidente. "Cierto es, mi General. Pero es para la gallareta, para el montubio", le explicó Sánchez. "A ver, párate allá, trae una pistola, y vas a ver que sí te puedo matar", le retó Rodríguez Lara. Al final, llegaron a un acuerdo: "Mañana anda a las nueve de la mañana al Ministerio de Defensa y retira el permiso para todo tu personal", le dijo el presidente. El sindicalista del Guayas intervino: "Vea, señor presidente, si usted a las nueve no le da el permiso a mi compañero Sánchez, le advierto que somos más de 800 mil trabajadores en todo el Ecuador. Y mañana o pasado podemos estar sobre su palacio. Usted sabe que los monos somos revoltosos".


Rómulo Sánchez

La primera vez que el gobierno retiró los permisos de los armeros de Chimbo, el Ecuador estaba en plena dictadura. La última vez fue en este año.

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La relación Chimbo-armas comienza en la época de la colonia y termina el 24 de marzo de 2010. En la etapa colonial, los habitantes de esta pequeña ciudad, situada a 14 kilómetros al sur de Guaranda y fundada en 1535, eran los encargados de dar mantenimiento al armamento de los patriotas. "En las Batallas del Camino Real estuvieron nuestros antepasados dando apoyo, reparando los mosquetes y las diferentes armas que se utilizaban en nuestro país", comenta Napoleón Guillén, presidente de la Asociación de Armeros de Chimbo 22 de Abril.

La popularidad herrera de los chimbeños continuó en los siguientes siglos, con la elaboración de herraje para caballos, mulas y burros. Luego vendría la fabricación de armas. Fue, justamente, el tío abuelo de Guillén –Matías Guillén- quien junto a Rómulo Sánchez fabricaron en la década de los 30 la primera escopeta de chimenea de Chimbo. Años más tarde, Napoleón Guillén continuaría con la fama precursora de su familia al crear la primera escopeta repetidora de cinco tiros del país. Para entonces, las armas ya eran uno de los principales ingresos de las familias del pueblo.

Y así fue hasta una nublada mañana del 24 de marzo del presente año, cuando un contundente operativo policial incautó gran parte de las herramientas de trabajo y la mercadería de los armeros de Chimbo. Como era de esperarse, los chimbeños guardaron resistencia y, tras varias medidas de presión -entre las que se incluyó el temporal secuestro del gobernador de la Provincia de Bolívar-, las maquinarias fueron devueltas. Sin embargo, después de aquel día, "la ciudad de Benalcázar" no volvió a ser la misma. Ese fue el último "disparo" del gobierno hacia los armeros, luego de una serie de medidas gubernamentales que terminaron poniendo punto final a su ancestral oficio.

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Primer disparo. Herida de guerra.

Se da el 30 de noviembre de 2007. El artículo 82 de la Ley Reformatoria para la Equidad Tributaria del Ecuador golpea a los armeros de Chimbo. Las "armas de fuego, armas deportivas y municiones", ingresan al grupo de "consumos especiales" y se les da un 300% de arancel.

"Un revolver de $100; más el impuesto del 300%, llegaría a los $400; más el IVA, $448; y más la ganancia, ese revólver costaría $500. ¿Quién nos va a comprar a ese precio tan elevado?", pregunta Guillén.

Segundo disparo. Casi un traumatismo.

Ocurre el 30 de junio de 2009. Los ministros de gobierno, Gustavo Jalkh, y de Defensa Nacional, Javier Ponce, según Acuerdo Interministerial No. 001, disponen la prohibición del porte y la tenencia de toda clase de armas, "exceptuando a las empresas de guardianía y seguridad privada, hasta que la Policía Nacional inicie la expedición de dichos permisos". Con ello, el mercado de los armeros se vio drásticamente limitado. Desde ese día, sus ventas sólo apuntaron a un sector: a las empresas de seguridad.

Los ciudadanos que ya poseían armas, sin embargo, podían optar por la recalificación de su bien, no sin antes someterse a exigentes pruebas que avalaran la regularidad tanto del arma como del portador. "Esta medida va encaminada a crear mayores niveles de seguridad ciudadana. Esto va a facilitar mucho el trabajo de la Policía Nacional", aseguró, por esas fechas, el ministro Jalkh. Sin embargo, Juan Verdesota, especialista en armas, afirma que "Ellos (los del Gobierno) creyeron que prohibiendo esto iban a aminorar la delincuencia. Pero la delincuencia nunca se va a nutrir de armas hechas legalmente. Deben ser duros con el mercado negro, no con el legal. Ahora todo el mercado lo han acaparado los proveedores clandestinos".

Tercer disparo, el letal.

El 24 de marzo de este año, el gobierno ordena un operativo policial. Centenares de uniformados, con cascos y escudos antimotines, con toletes y pistolas, y, algunos de ellos, con perros policías e imponentes caballos, retiraron la mercadería y las herramientas de trabajo de los armeros de Chimbo. Esa misma noche, el Ministerio de Gobierno ordenó que se devuelva todo lo incautado, excepto los permisos para la fabricación y comercialización de las armas.

Casi un mes después, el 23 de abril (el mismo día en que la provincia de Bolívar celebró 126 años de fundación), autoridades gubernamentales llegaron a Chimbo con un supuesto plan para dar trabajo a los armeros desempleados, pero se limitaron a solicitarles la fabricación de mobiliario para algunas oficinas estatales. Aunque no todos los armeros poseen la infraestructura necesaria para realizar dicha tarea, hay algunos que han logrado adaptar sus talleres para poder trabajar en el pedido. Sin embargo, según Napoleón Guillén, este tan sólo serviría para mantenerlos con trabajo por dos meses. El Gobierno ha dicho que pretende ayudar a Chimbo a convertirse en un pueblo metalmecánico. Pero nadie sabe cómo ni cuándo sucederá eso. Sólo se sabe que, mientras tanto, los ex armeros se siguen sumeriendo en un abandono cada vez más evidente.

*Crónica publicada en la edición #339, agosto/2010, de la revista Diners.

By Arturo Cervantes with 7 comments

7 comentarios:

Es un muy buen reportaje, imparcial, el gobierno por todos los medios ha tratado de desprestigiar la labor de la fabricación de las armas en Chimbo, culpando a mi pueblo de toda la violencia en el pais , sin pensar en lo que realmente provoca este mal, como son las politicas de este Gobierno, que generan pobreza y no igualdad, violencia por el odio infundido desde el mismo presidente de la república, pero buscaron un chivo espiatorio, un cantón legendario, que por siglos ha fabricado armas

En tus investigaciones falta escribir que entre los pioneros en fabricar armas esta Miguel Guillin gomez,Manuel guillin +, Melchor guillin +, Gonzalo rodriguez +,Nicanor vargas todos ellos son de TAMBAN ,busca la real historia de las armas en el pueblo de TAMBAN (san jose de chimbo)

Tamban un pueblo pionero en fabricar armas, un pueblo pobre esplotado,todo su trabajo quedo siempre en manos de lafamilia remche en san jose de chimbo , las familias guillin,sanchez,vargas,rodriguez que hace 60 anos atras comensaron su fabricacion e incluso la famlia colcha en el tingo forma parte de sacrificio de generaciones por las armas que significaban el pan en sus mesas para sus familias quieres saber mas de este tema visita Tamban(san jose de chimbo)y te asombraras de su historia

ANONIMO ME PARECE QUE DEBEN SER RECONOCIDOS X EL GOBIERNO DE TURNO

Angel Gualberto Sánchez y su hijo Rómulo Isaias Sánchez Vásquez son los auténticos pioneros de la fabricación de armas en San José de Chimbo "Ciudad de Benalcazar"
CJSV

gibierno cabron no se da cuenta que esa era nuestra forma de vivir

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