jueves, 1 de octubre de 2009

Gerard Raad: una máquina hecha para ver cine




Gerard Raad es cine. Es, probablemente, el ecuatoriano que más imágenes cinematográficas guarda en su cerebro. Su gusto por el séptimo arte –dice- se lo debe a sus padres, quienes desde muy pequeño (en el año 1940, cuando Gerard tenía 6 años) lo llevaban al desaparecido Cine Edén, ubicado a unas pocas cuadras de la casa en la que, de niño, vivía. También iba al cine Olmedo y al Apolo.

Mientras recuerda esa época -en la que disfrutaba viendo a las grandes estrellas de la época como Lana Turner, Ava Gardner y Katharine Hepburn- esboza una sonrisa que luego, al toparse con el presente, desaparece:

"El cine en esa época era como un milagro: se apagaban las luces, se prendía la pantalla… Todo era mágico. Ahora cualquier idiota alquila veinte películas y ya está. El cine ha perdido, yo diría, esa magia. En esos tiempos, ir a ver una película era algo muy especial"

Sin ser famoso, en ocaciones, existen desconocidos que se acercan a saludarlo. Gerard sabe que es por los cine-foro que, por veinte años, dirigió en la Casa de la Cultura. “Iba mucha gente y conversábamos bastante. Había libertad para exponerlo todo”, dice con esa voz que a ratos parece agitada –quizás- por tantas sesiones en las que él se encargaba de orientar a los asiduos al cine. Las personas que asistían a esas funciones, recibían una ficha técnica de la película que se disponían a observar. Ese “programa impreso”, como lo llamaba Raad, contenía el contexto histórico y social del film, así como un análisis crítico que salía de la cabeza de Gerard. Aún conserva 2000 fichas.

"En esa época, en la que dirigí los cine-foro en la Casa de la Cultura (desde 1981 hasta el 2001), Guayaquil era el centro cinematográfico más grande del Ecuador. Mucho más que Quito. Ahora es que los serranos se hacen los inteligentes”-comenta con un poco de orgullo generacional-.

Del cine ecuatoriano contemporáneo, a Raad le agradan dos películas: “Cuba, el valor de una utopía”, de Yanara Guayasamín; y “Descartes” (documental de Fernando Mieles en el que Gerard aparece para dar su opinión respecto al cine hecho por directores nacidos en Ecuador). “Él vino acá (a mi casa) a filmar, (pero) yo no tenía conocimiento de lo que iba a hacer. Yo a Fernando (Mieles) lo conozco desde que él tenía 15 años, porque iba a los cine-foro”, dice mientras su dedo señala el sitio en donde se realizó la filmación.

En ese documental de Mieles es posible evidenciar otras de las bondades cinematográficas de Gerard: el empujón anímico que le dio a decenas de personas mediante la organización de concursos de cine. “De esos certámenes salió Los hieleros del Chimborazo (película de Gustavo Guayasamín). También, algunos documentales de Freddy Ehlers; ficciones de Gustavo Valle (protagonista del documental de Mieles); entre otros”.

Raad considera al cine como “una escuela viviente”. Y añade que en él “uno aprende de todo: geografía, historia, psicología y mil cosas más”. Para él, una buena película es aquella que tiene un guión estructurado y buenas actuaciones. Sin embargo, advierte, no hay reglas fijas. Le agradan los fims en los que es posible observar la personalidad del director; y esa catarsis directora es la que rescata en directores como Federico Fellini, Michelangelo Antonioni e Igmar Bergman (en su extensa biblioteca se pueden encontrar guiones de sus películas más representativas). Considera que el acto de leer un guión no es más que la comprobación de una película previamente vista; la lectura –dice- nunca será superior al placer que significa el sentarse en una butaca de cine a observar una buena película (“con o sin canguil”).

Este guayaquileño, aunque de padres libaneses, tiene una estricta agenda cinematográfica en la que anota todas las películas que ha visto. Y las que tiene que ver. Con el pretexto de que "no hay película mala antes de verla", sale todos los días de su casa para consumir todo lo que la cartelera de cine ofrece. De repente, su rostro se torna angustiado, como quien se preparase para anunciar el delito más grande de la semana: “Estoy atrasado. No he visto seis películas de las que pasan en el cine comercial porque he estado asistiendo al Eurocine”.

Gerard es otro Gerard cuando platica sobre temas que poco –o nada- tienen que ver con el cine. No sólo que se torna reservado y extremadamente cauto con lo que dice (como si pensase que cualquier palabra de más podría ser capaz de ocasionar una tercera guerra mundial) sino que se convierte en un ser agresivo, listo para el ataque y la defensa. En efecto, tiene armas de combate: cada vez que se siente aludido utiliza una risa que, de tan exagera, resulta irónica. Y se justifica: “Para mí el que no se ríe es un estúpido”.

Raad, valora a una persona cuando ésta es inteligente, recta y cuando practica el único deporte que Gerard, a su edad, todavía puede ejercer: el sentido del humor. Detesta, a su vez, la estupidez y la hipocresía humana. No le tiene miedo a la muerte. O al menos eso es lo que, en vida, afirma. “Epicuro, dijo que cuando se exista, la muerte no va a existir; y que cuando la muerte exista, ya no se existe. ¿Por qué temerle a la muerte, entonces?”, se pregunta.

A sus 75 años, Gerard Raad –quien por considerarse anarquista y autodidacta se negó a hacer estudios universitarios en su juventud- disfruta modestamente del dinero que recibe por estar jubilado. Si se enterase que el día de mañana sería el de su muerte, se sentaría fuera de su casa para ver pasar los buses. Y esperaría el momento. No quiere que lo recuerden, prefiere que lo olviden. Mientras tanto, hace méritos para evitar que eso suceda: prepara nuevos cine-foro. Ahora en la ESPOL (universidad guayaquileña).
(Entrevista hecha el 24 de junio del 2009)

By Arturo Cervantes with 1 comment

1 comentarios:

Eres grande entre los grandes, Gerard.

Atte: UN EX ASISTENTE DEL CINE FORO

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